23-12-2011
POR LA CRISIS Y LA DEBILIDAD SOCIALDEMÓCRATA El nazismo alemán, causante de la Segunda Guerra Mundial, tuvo una fuerte raíz económica (la firmarían Marx, Keynes y Adam Smith), ya que fue funcional a los grandes bancos y corporaciones. Hoy, por efectos de la crisis económica global, vemos que la ultraderecha se extiende por toda Europa, en una suerte de revancha histórica, o como prueba de que aquel mal absoluto no fue realmente erradicado.
A 66 años de la derrota militar del Tercer Reich y su identificación mediática global con la más acabada versión del mal absoluto, los hechos muestras que lo que pensaba el oficial nazi, la noche antes de ser ejecutado, en ‘Deutsches Requiem’, el cuento que Jorge Luis Borges incluyó en El Aleph (1949): “El mundo se moría (…), nosotros le enseñamos la violencia y la fe de la espada (…) Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima. (…) Lo importante es que rija la violencia, no las serviles timideces cristianas”.
En la actualidad, muchas situaciones indican que la esencia del nazismo triunfó. En primer lugar el capitalismo salvaje que los nazis impusieron en fábricas donde se utilizaba el trabajo esclavo; el racismo (que provocó quince millones de muertos, destacándose el Holocausto, la matanza sistemática de seis millones de judíos), la xenofobia, que los llevó a expulsar y matar inmigrantes, el ultranacionalismo imperialista, la decadencia de la democracia, el régimen de partido único, las restricciones a la libertad de información, y el uso sistemático de la violencia. Basta recorrer el mundo con la mirada y constatarlo: el nazismo no fue totalmente derrotado.
Hoy, seis décadas después de la derrota ‘formal’ de la praxis y la ideología nazi, el imperio de los grandes bancos y corporaciones, sustentado en la fuerza, está al servicio de relaciones de dominación entre e intra naciones, y todo indica que la situación empeorará. Siempre los artistas (Fritz Lang en Metrópolis, de 1927, y otros) se adelantan a su tiempo; en La Caída de los Dioses (1969), por ejemplo, el cineasta italiano Luchino Visconti captó con notable precisión la compleja realidad del nazismo, que no fue en absoluto la mera manipulación de un pueblo por un loco o una pandilla de asesinos, como se nos hizo creer durante décadas. El nazi-fascismo es una realidad política, económica, social y cultural que emerge generalmente en las grandes crisis económicas –como la de 1929 y la actual- y germina en la desesperación y la miseria, la necesidad de liderazgos fuertes, la decadencia de los partidos políticos, el temor de los intelectuales y los errores de los partidos políticos que deben enfrentar la ‘enfermedad’. Todo eso está ocurriendo de nuevo hoy, y nada menos que en Europa. Pero esta vez se suma un nuevo ingrediente: el neoliberalismo, que ha vencido a la socialdemocracia, y aun a la centroderecha, mientras murieron todas las utopías.
EL AVANCE
Para afirmar que toda Europa tiene una fuerte base autoritaria no es necesario repasar dos mil años de historia de imperios, cruzadas, persecución a judíos y árabes, y barbaries de todo tipo. Alcanza con remitirnos a los comienzos del siglo veinte y ver cómo la Action Francaise liderada por Charles Maurras (1868-1952), impregnó a toda una sociedad considerada la más culta de Europa, al igual que el nazismo surgiría de la sociedad más tecnificada del viejo continente. Acaso Francia sea el ejemplo más ilustrativo. En la sociedad donde en 1789 la Revolución Francesa proclamó los Derechos del Hombre y del Ciudadano, existió siempre el racismo más despiadado. Aceptó –salvo una minoría, guiada por el general Charles de Gaulle- la dominación alemana, bajo la cual vivió gente como Edith Piaf, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, Sacha Gitry, Jean Cocteau, y pro nazis confesos como Drieu La Rochell y Louis Ferdinand Céline. Incluso el ex presidente socialista François Mitterand tuvo militancia de extrema derecha en su juventud. Más adelante, en la Guerra de Argelia (1954-1962), se creó la organización terrorista OAS, que impulsó la leyenda de ‘los paracaidistas’, cuyos actos fueron inmortalizados en las novelas de Jean Lartéguy, de lectura obligatoria en las Fuerzas Armadas de América Latina durante las dictaduras de los setenta. Pero nada de eso terminó. El 17 de octubre de 1961, un grupo de argelinos emigrados manifestó por París. Fueron reprimidos y hubo una masacre, en la que murieron más de doscientos manifestantes, cuyos cuerpos fueron arrojados al Sena.
El prefecto de París, Maurice Papon, trasladó e internó a once mil argelinos. Pero (¿previsiblemente?) todas las investigaciones son silenciadas. Los films que tocaban el tema (Cuché, de Michael Haneke, con Juliette Binoche, y Nuit Noire, de Alain Tasma) fueron silenciados. En el cuarenta aniversario de la masacre, el acto de descubrimiento de una placa por el alcalde Bertrand Delanöe fue saboteado por el ministro del Interior, el mismísimo Nicolas Sarkozy. Una obra teatral que refería al episodio fue suspendida. Esto ocurre en Francia, ‘faro cultural de la humanidad’.
Pero en toda Europa la derecha ha avanzado y seguirá haciéndolo. El 16 de abril de 2011, en Finlandia obtuvo la primacía el ultraderechista Partido Verdaderos Finlandeses; el 5 de junio, el PSD arrasó en Portugal (41% de los votos), desalojando al socialista José Sócrates; el 28 de setiembre las elecciones en Austria dieron el triunfo a dos partidos de derecha, FPÖ y BZÖ, que sumados alcanzaron el 29% del electorado; el 10 de noviembre el presidente griego, luego de que Giorgios Papandreu ‘resignara’ el poder, encargó a Lucas Papademos, ex vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), la formación del gobierno en este país, y éste dio participación a un partido ultraderechista (LAOS) por primera vez desde la dictadura de los coroneles; el 16 de noviembre el ex comisario europeo Mario Monti asumió como primer ministro de Italia, ya que Berlusconi no aseguraba la confianza de los mercados; el 20 de noviembre el Partido Popular (de origen franquista) aplastó al PSOE, que se había visto obligado a adelantar las elecciones; y el 18 de diciembre, Hungría dio un aplastante giro a la derecha con el triunfo del partido Fidesz con el 52,7%.
Se da el caso insólito de que dos ‘gerentes’ del Fondo Monetario Internacional, Monti y Papademos, asumen el poder sin ser electos por el pueblo. Ni qué decir que Alemania, Francia y Gran Bretaña están conducidos por conservadores puros y duros, más allá de sus diferentes intereses nacionales. Los dos primeros buscan mantener el Sacro Imperio basado en un euro insostenible; el tercero busca que Inglaterra mantenga su cuota de poder, y que la City inglesa no pierda su primer lugar mundial a favor de Fráncfort.
Mientras esto ocurre a nivel de gobiernos, el autoritarismo, el racismo, el antiizquierdismo, la intolerancia, la xenofobia y la violencia resurgen a nivel popular. El caso paradigmático ha sido el del joven noruego Anders Behring Breivik, autodefinido como “xenófobo e islamofóbico”, que el 22 de julio perpetró los atentados de Oslo y durante varias horas se dedicó a ametrallar estudiantes de izquierda en la isla de Utoya, matando a 77 personas. Hasta hoy continúa la batalla por declararlo ‘insano’ –pese a que había confesiones suyas en varias redes sociales y había militado en el ultraderechista Partido del Progreso Noruego-, una cosa sí es segura: este hombre irá a parar a una cárcel de lujo, mientras el crimen se olvida. Si con este verdadero genocidio –como en el caso francés de 1961- todo se tapa con un manto de silencio, ¿qué podemos esperar de los ‘pequeños’ crímenes que se perpetran seguramente todos los días en Europa?
Un fantasma recorre Europa: El nazismo resurge (fragmento)
23/Dic/2011
Caras y Caretas